Todos queremos saber por qué estamos aquí. ¿Cuál es nuestra misión en la vida? Las personas que lo saben son fáciles de identificar: sus vidas están llenas de sentido.
«¿Por qué estoy enfermo y cómo me puedo curar?» Y, más a menudo
«¿Por qué estoy aquí? ¿Cuál es mi verdadero objetivo? ¿Qué debería hacer con mi vida?» En cierto sentido, esta falta de orientación y de comprensión de la propia existencia es un problema de salud en sí, porque puede generar toda clase de estrés emocional, incluyendo depresión, ansiedad y fatiga. Y cuando estos tipos de estrés o sentimientos negativos se consolidan, pueden contribuir al desarrollo de una enfermedad.
Tu mente no es la única que quiere saber cuál es tu misión; este conocimiento es de una importancia vital para tu cuerpo y tu espíritu.
Una vida confusa o desorientada tiene otras consecuencias. La falta de conocimiento de tu misión puede convertirse en una fuerza destructiva para tus relaciones. Tal como decía con frecuencia el fallecido teólogo, místico y profesor de la Universidad de Harvard Howard Thurman, hay dos preguntas que debemos hacernos: «La primera es "¿Adonde voy?" y la segunda es "¿Quién irá conmigo?" Si te haces estas preguntas en el orden equivocado, estás perdido.»"''
Por nuestro bien, debemos aprender cómo responder a la pregunta de cuál es nuestra misión, porque la forma en que vivimos la vida genera salud o enfermedad

A través de un proceso de investigación, reflexión, pruebas y errores, he llegado a la conclusión final de que una combinación de doce modelos arquetípicos, que se corresponden con las doce casas del zodíaco, actúa en nuestro interior para contribuir a nuestro crecimiento personal. Estos doce modelos actúan de forma conjunta en todos los aspectos de tu vida. Pueden manifestarse de un modo más vivido y perceptible en los momentos en que te enfrentes a problemas o desafíos, o en los instantes en los que te sientes incompleto.Y pueden ser de especial utilidad para superar recuerdos dolorosos, reorientar tu vida o encontrar un medio de expresión de tu potencial creativo aún sin explotar.
En cierto sentido, cada arquetipo representa una «faceta» y una «función» de lo Divino que se manifiesta en cada uno de nosotros de forma individual. La humanidad siempre ha puesto nombre a los numerosos poderes celestiales y ha intentado identificar las cualidades inherentes a cada uno de ellos.
Tienes doce compañeros arquetípicos principales. Cuatro de ellos son los arquetipos de supervivencia —el Niño, la Víctima, la Prostituta y el Saboteador— que todos tenemos. Tienes otros ocho arquetipos que son personales y que aprenderás a identificar en aquí. Entre ellos, pueden incluirse personajes de la antigüedad —como la Diosa, el Guerrero, el Rey y el Esclavo— o contemporáneos, como el Comunicador, el Ecologista y el Manifestante político, que en realidad son variantes de personajes antiguos (el Mensajero, el Mozo y el Rebelde, respectivamente).
El Comunicador, por ejemplo, se convirtió en un arquetipo moderno en el momento en que empezamos a asociar ciertas características de conducta con ese nombre.
Todos los arquetipos se manifiestan de forma positiva y negativa. Para conocer el lado oscuro de cada arquetipo consulta el Apéndice. |