Primera casa: ego y personalidad (Primer y tercer chakras)
En una carta astrológica cada casa se corresponde con uno de los doce . signos del zodíaco y con una de las cuatro, energías: cósmicas: tierra, aire, fuego y agua. Las casas de la rueda arquetípica comparten algunas de estas características. Por ejemplo, la primera casa se corresponde con el signo astrológico de Aries. Puesto que Aries es la primera casa del zodíaco, y nace el primer día de primavera, representa los nuevos comienzos. Y, como Aries también es un signo de Juego, esta casa contiene la atmósfera pasional que favorece el nacimiento, incluidos el nacimiento del yo y el constante renacimiento que experimentamos al madurar. Por todo ello, el arquetipo que habita tu primera casa será el más influyente en la energía del fuego de tu personalidad.
Una mujer llamada Charlotte descubrió que el Transformista era uno de sus doce arquetipos y que se encontraba en su primera casa. Así pues, el Transformista es una característica dominante de su personalidad. Maureen se identificaba con cuentos como El patito feo o La princesa y la rana, en los que el aspecto temible y desagradable del protagonista se transforma en belleza y poder. Desde hace mucho tiempo, los chamanes de las tribus indias de Norteamérica reconocen en este arquetipo la capacidad de cambiar de apariencia por diversas razones. Entre otras cosas, el Transformista puede actuar en diferentes planos de la conciencia, durante el sueño y en los estados de vigilia, y en los planos astral, mental y etéreo. Su energía se manifiesta en la lucha que libra Charlotte por mantenerse fiel a sus creencias y opiniones. Siempre cambia la «forma» de lo que piensa —al igual que el fuego se mueve en la dirección del viento— hasta tal punto que a la gente le resulta difícil llegar a conocerla. Charlotte parece una persona inestable, dispersa, desleal. Siempre atrae a personas que creen que es de una forma determinada —y en ese momento lo es— y que descubren que Charlotte no es como aparenta. Uno de los retos a los que debe enfrentarse esta mujer, y ella se muestra dispuesta a admitirlo, es desarrollar y mantener su personalidad para no cambiar dependiendo de la persona con quien esté o decir lo que cree que ésta quiere oír. Además, tiene numerosos contratos con otras personas que la obligan a hacerlo.
La identidad, la autoestima y la conciencia del ego son los cimientos de tu vida. La forma en que te comportas con los demás y el hecho de ser capaz de abrirte paso sin pedir permiso a nadie depende del éxito que tengas en los múltiples retos generados por la necesidad de asumir la responsabilidad de tu forma de ser.
Segunda casa: valores vitales (Segundo chakra)
La segunda casa de la rueda arquetípica se corresponde con Tauro, un signo de tierra que gobierna tu relación con el territorio en el sentido más amplio. Representa lo que más valoras y aprecias. En términos energéticos, la segunda casa representa el paso siguiente en la formación del yo: «Ahora que estoy aquí, ¿qué tengo? ¿Qué quiero de la vida? ¿Qué poder necesito para relacionarme con la existencia física?» Esta casa representa el aprecio que sientes por la naturaleza física de la vida: qué objetos terrestres son los preferidos de tu ego y tu espíritu y_ qué es lo que necesitan estos dos entes para sentirse más ligados al mundo. La segunda casa también es la que mejor representa los elementos o energías que asocias con el poder mundano: el dinero, el estatus social, la propiedad privada, el arte, la capacidad de controlar a los demás, la sensualidad y la belleza. Son los medios más seductores por los que el espíritu se relaciona con la forma física. Por ello, el arquetipo que se encuentra en esta casa está alineado con la relación qe mantienes con el plano del poder físico y sus iconos.
Glen tenía el arquetipo del rey Midas en la segunda casa y convertía todas sus ideas empresariales en oro físico. Tenía el don proverbial, pero al igual que el rey Midas, debía lidiar contra el poder del dinero que desafiaba al poder de su espíritu. Si el rey Midas mató a su hija al convertirla en metal sin quererlo, la vida sentimental de Glen era fría e insulsa. Durante años, sólo tuvo ojos para el dinero. En todas sus relaciones —que, en la actualidad, reconoce como contratos— recordaba haberse planteado la cuestión de si valoraba más la buena marcha de sus finanzas o la persona con quien estaba. Una de las lecciones más importantes que debe aprender Glen es cómo relacionarse con los demás sin la necesidad de controlarlos o dominarlos, y a relacionarse con las cosas de este mundo sin dejar que lo controlen.
El reto que plantea esta casa consiste en ver más allá de la forma física de nuestra relación con los objetos, el dinero, el estatus, el poder y el resto de manifestaciones del mundo físico para lograr vislumbrar los valores espirituales. Muchas personas se angustian porque creen que la felicidad consiste en poseer a alguien en particular, un lugar o una cosa. Aun así, la capacidad de amar de forma incondicional es una idea opuesta a las ataduras.
Tercera casa: expresión del yo y fraternidad (Tercer y quinto chakras)
Una vez que has establecido tus valores, eres capaz de expresar tu personalidad: la forma en que presentas tu forma de ser y lo que valoras de este mundo. Por ello, la tercera casa, alineada con Géminis, un signo de aire que controla la transmisión de información, representa la comunicación, es decir, tu capacidad de expresarte como individuo y tus relaciones fraternales. La relación simbólica de la fraternidad con la comunicación refleja el proceso natural de especialización: en primer lugar descubres que tu voz destaca por encima del resto de «niños». Por tanto, la fraternidad se puede interpretar no sólo como un elemento relativo a,tu familia biológica, sino como las personas que contribuyen a tu crecimiento. Como la energía de la tercera casa está relacionada con la autoestima y con tu forma de mostrarte al mundo, afecta a los chakras tercero y quinto. Esta casa contiene las lecciones inherentes al aprendizaje sobres las causas y los efectos de tus decisiones; es decir, la forma en que ejerces tu poder. El arquetipo de esta casa representa el modo en que proyectas tu energía en el mundo, cómo la activas y cómo te relacionas con las leyes de la atracción magnética. Tu objetivo es ser cons-cíente de la forma en que utilizas la energía y el poder personal para enten-der las consecuencias de tus pensamientos y de tus actos. Ser consciente de ello supone tener conciencia de tu poder personal y aprender a gestionarlo con responsabilidad.
El arquetipo que reside en la tercera casa influye en tu forma de valorar las decisiones. Las decisiones negativas o perjudiciales que tomas de manera consciente, sobre todo las tomadas con objeto de dañar a otra persona, representan el aspecto desafiador o el lado oscuro de la tercera casa.
John, un hombre que conocí durante uno de mis talleres, tenía el arquetipo del Sirviente en la tercera casa. Esto le complacía enormemente, porque creía que su función en la vida era estar al servicio de los demás. John manifestaba esa voluntad en todos sus actos y relaciones. La idea de ayudar al prójimo le había inspirado desde siempre. Cuando le llegó la hora de escoger una profesión, se fue de retiro espiritual para encontrar la respuesta en la oración. En sus rezos, afirmaba que el futuro de su vida no estaba en sus manos, sino que haría lo que el Cielo le dictara, porque su fe le decía que Dios lo llevaría allí donde fuera más útil.
Esta demostración de fe en lo desconocido no es algo muy común, pero John tenía, además, el arquetipo del Trotamundos entre sus compañeros. Este arquetipo residía en su novena casa (espiritualidad) e impulsaba a John a trasladarse a distintos lugares del país cada dos o tres años, y a realizarlos trabajos más peculiares. Para John, la senda dedicada al servicio constituía una forma de libertad que adoraba y le permitía conocer a personas de diversas procedencias. Como no estaba ligado a ningún lugar en especial, se sentía libre para mostrarse tal como era y entregarse sin condiciones. Le satisfacían los placeres más sencillos, ante todo el poder pasar el rato hablando con personas que necesitaban ser escuchadas o con alguien que necesitara su ayuda. No he vuelto a conocer a nadie como John, y por un instante sentí la tentación de preguntarle si su nombre de pila era «San». Sin lugar a dudas, irradiaba una gracia que inspiraba a los demás para entender el gran poder de servir al prójimo.
El reto que plantea la tercera casa es el hecho de ser consciente de tus motivaciones.Todo pensamiento, palabra, acción y hecho es una expresión de la forma en que gestionas tu poder y, en última instancia, las motivaciones que activan la psique son sólo dos: el fortalecimiento y la debilitación del yo y de los demás.
Cuarta casa: hogar (Primer y cuarto chakras)
La cuarta casa se corresponde con el signo acuático de Cáncer, y el agua es el elemento asociado con tu naturaleza emocional. Puesto que Cáncer es el primero de los tres signos de agua de la carta zodiacal, el arquetipo que ocupa la cuarta casa es el que más influye en la creación de la naturaleza emocional. La forma en que pretendes expresarte, ya sea individual o creativa, conduce a la necesidad de dar cuerpo a esa expresión, de darle un hogar.
Esta casa está relacionada con el hogar del que procedes y con el hogar donde te encuentras en la actualidad. La palabra «hogar» o la imagen que evoca tiene una gran variedad de significados, y en el estado onírico suele relacionarse con la verdadera residencia del corazón, o con la pasión más intensa de la vida. La temática del hogar que gobierna esta casa incluye la relación con tu familia biológica y con la familia que has creado. El arquetipo que habita esta casa es el que más influye en las energías emocionales relacionadas con todo lo que representa tu hogar para ti. Como la cuarta casa está ligada tanto a tu origen familiar como a tu vida emocional, se corresponde con las energías del primer y cuarto chakras.
Los aspectos de la cuarta casa que constituyen un reto incluyen recuerdos o sentimientos hirientes, que pueden derivar en depresión y melancolía. Cuando trato a una persona con algún problema relacionado con una infancia traumática, lo cual es bastante común, me relaciono con el arquetipo de su cuarta casa por ser la mejor fuente de información para entablar un diálogo. Una mujer llamada Lydia, por ejemplo, luchaba contra el recuerdo de una madre drogadicta que solía abandonar el hogar familiar durante meses. Cuando la madre de Lydia estaba en casa, lograba permanecer entre una semana y tres meses «limpia», pero, tarde o temprano, recaía. Lydia me contó varias historias de cómo su madre volvía de las juergas con la única intención de llevarse algún objeto de la casa para venderlo y comprar drogas. En una ocasión, llegó mientras Lydia estaba en clase, se hizo con todos los objetos de valor de su hija y los vendió o los cambió por drogas. Después de aquello, Lydia se negó a ver a su madre durante siete años.
Cuando conocí a Lydia, ella tenía veintiocho años y aún no se había reconciliado con su madre. Lydia irradiaba la energía de alguien capaz de ser muy compasivo con el Niño interior de los demás. Tenía la cualidad de percibir el dolor de otras personas y sentía el impulso de ayudarlas. La ayudó mucho saber que su cuarta casa estaba habitada por el arquetipo de la Madre. Una forma de interpretar esta alineación era que la presencia del arquetipo de la Madre en esa casa indicaba que amadrinar a los demás —incluida, en este caso, su propia madre— era el principal objetivo de su viaje vital.
El marido de Lydia, con quien se casó a los veintiséis años, la amaba con locura y creía que había encontrado a su compañera ideal. «Amo a esta mujer más que a nadie en el mundo —me dijo—. En cuanto la vi, supe que sería mi esposa y la madre perfecta de nuestros hijos.Y eso es exactamente: una perfecta madre y esposa.»
El reto de la cuarta casa es la superación de los traumas infantiles con la finalidad de establecer un hogar saludable en la vida adulta. Puedes escoger entre dejar que las heridas y conductas negativas del pasado afecten a tu familia o transmitir a tus seres queridos el optimismo y amor por la vida. La necesidad de reconciliarte con tu historia personal es fundamental para crear un hogar saludable y para evitar transmitir el dolor de tus heridas.
Quinta casa: creatividad y buena suerte (Sexto chakra)
La secuencia de fuego, tierra, agua y aire se repite dos veces en la rueda zodiacal/arquetípica.Leo es el segundo signo de fuego y está alineado con la quinta casa, que controla la expresión creativa, la sexualidad, la descendencia y la buena fortuna.También es la casa del amor y la espontaneidad, de la abundancia y las oportunidades. El arquetipo que reside en esta casa representa las cualidades en las que más confías para hacer que las cosas sucedan. Una vez que te sientes seguro de ti mismo, pasas de forma instintiva a explorar el poder de la creatividad y la creación de vida. Como la quinta casa regula la creatividad, se corresponde con el sexto chakra, que controla la inteligencia y la imaginación.
El lado oscuro de la quinta casa se manifiesta como la expresión descontrolada del fuego creativo o sexual, como la utilización del poder sexual o de la creatividad con fines egoístas o manipuladores. Es posible emplear el talento creativo en actividades inmorales o ilegales, o para la seducción o manipulación sexual. Recuerdo a un hombre llamado Will que tenía una personalidad excepcional. Era la personificación del carisma, y todos adoraban estar en su compañía. Will hacía que la gente creyera que cualquier cosa era posible y era capaz de ver el lado positivo incluso de la situación más aciaga. El arquetipo que ocupaba la quinta casa de Will era el Niño.Y así era él: un hombre casi idéntico a un personaje de cuento que impulsaba a los demás a ver la cara amable de la vida.
Siempre que alguna situación provocaba que Will abandonara la encantadora atmósfera de su inocencia infantil, se imaginaba a sí mismo de niño. Además, se convertía en el padre imaginario de su recuerdo infantil y consolaba a ese niño, acompañándolo en un recorrido por su vida. Will, el padre, le indicaba a Will, el niño, lo asustado que se había sentido a los seis años por algún motivo y cómo a los ocho años todo se había solucionado. Will hablaba de su capacidad imaginativa en estos términos:
Cuando me desequilibro, regreso a mi interior para recordar todas las veces que he sido capaz de solucionar un problema. Alguien cuida de mí, y estoy seguro de ello, porque soy incapaz de organizar mi vida sin ayuda. Este es un mensaje que me encanta compartir con los demás sin importar dónde esté.Y como persona que dirige una empresa bastante grande, puedo asegurarle que es una actitud ante la vida que no abunda.
La necesidad creativa es un aspecto esencial de la conciencia y el espíritu. Pero definir y determinar la capacidad creativa en términos de logros profesionales, incluso artísticos, es una ilusión.Will personificaba la energía de la creatividad en su más clara expresión porque canalizaba esa electricidad para activar el espíritu de todo al que conocía. Sin embargo, también presentaba un perfil creativo muy poco frecuente: la naturaleza creativa del yo sin la necesidad de «hacer» nada para que esa fuerza vital sea reconocida y valorada.
Sexta casa: profesión y salud (Segundo chakra)
La sexta casa se corresponde con el segundo signo de tierra, que esyirgo, y controla tu ocupación profesional y tu salud. La energía terrestre de Virgo difiere de la de Tauro porque se centra en tu relación con el objetivo principal de tu vida más que con los ciclos físicos de la naturaleza de la segunda casa. Esta casa se centra en la supervivencia,y el arquetipo que la ocupa influ-ye en tu forma de buscar seguridad en la vida. Por ejemplo, si te encuentras en medio de una negociación económica, el modelo arquetípico de la sexta casa representará un papel protagonista en tu modo de interpretar las conversaciones y oportunidades de negocios. El reto de la sexta casa es saber encontrar el equilibrio entre trabajo y salud. Un arquetipo puede indicar la presencia de costumbres insalubres o destructivas que no favorezcan tu bienestar físico. O tal vez reflejen la forma en que comprometes tus principios éticos y morales a cambio de obtener seguridad laboral y económica. Como esta casa está relacionada con el dinero y los valores, se corresponde sobre todo con el segundo chakra.
Una mujer llamada Cathie escogió el arquetipo del Detective como uno de sus doce compañeros, y éste acabó ubicado en la sexta casa. Cathie comentó que había escogido el Detective porque tenía un don natural para resolver misterios. Por desgracia, utilizó el lado oscuro de ese talento: el espionaje. Admitía incluso sentirse atraída por el voyeurismo, aunque lo rebajaba al nivel de mera fascinación. Cuando Cathie se sentía insegura —cosa que ocurría con frecuencia bien por decisión propia o por debilidad—, utilizaba ese sentimiento como excusa para fisgar en los archivos y objetos personales de sus compañeros en busca de memorándums u otra clase de comunicados. Aseguraba estar buscando pruebas de los planes ideados para malograr su situación en la empresa. Le pregunté a Cathie si tanto esfuerzo le había servido para probar su teoría. «No —dijo—, pero, tanto mejor. Es muy reconfortante saber que estás segura en el trabajo.»
Cuando le pregunté desde cuándo sentía esa necesidad de hacer de detective, Cathie confesó que desde pequeña sintió la necesidad de curiosear para averiguar todo lo posible sobre sus padres, amigos y compañeros. Admitió que en una ocasión la habían despedido por pillarla hurgando en el escritorio de un compañero. Cathie estaba tan convencida de que los demás la espiaban que sentía la necesidad de espiarlos para protegerse. Le recomendé que acudiera a la consulta de un psicoterapeuta pero, aunque dijo que lo haría, yo sabía que sólo se sentiría segura si podía descubrir los secretos ajenos.
La historia de Cathie ilustra la influencia inconsciente que ejercemos en la salud de las personas de nuestro entorno. La paranoia de Cathie afectaba a sus compañeros y condicionaba su propio bienestar. Pregúntate con regularidad: «¿Cómo influye mi comportamiento en las personas que me rodean?» Esta pregunta tiende un puente natural con la séptima casa, en la que tu salud, incluidas las opiniones saludables o perjudiciales que te merece la vida y el prójimo, entran a formar parte del contenido de tus relaciones.
Séptima casa: matrimonio y relaciones (Segundo y cuarto chakras)
La séptima casa incluye el matrimonio, así como otras formas de relación, como las amistades íntimas y las asociaciones profesionales. Esta casa está alineada con el signo astrológico de Libra, que es el segundo signo de aire. A diferencia de Géminis, que controla las comunicaciones en general, esta casa representa los tipos de comunicación más íntima entre individuos. La cualidad principal relacionada con Libra es el equilibrio simbolizado por la figura de la mujer que sostiene una balanza. Esta casa es el territorio ideal para los actos de traición, en los que se manifiesta con bastante frecuencia el lado oscuro de las relaciones. Puesto que la séptima casa controla las asociaciones comerciales y el matrimonio, se corresponde con las energías del segundo y cuarto chakras, que regulan las cuestiones relativas al dinero, los valores y los asuntos del corazón.
Nuestra biología es un indicativo de que estamos hechos para establecer relaciones físicas y psicológicas. Las relaciones son un terreno perfecto para descubrir la naturaleza de nuestros contratos. Lo cual también se pone de manifiesto en las relaciones arquetípicas, como por ejemplo: Padre/ Niño, Mentor/Estudiante, Sirviente/Amo.
En el transcurso de un día cualquiera, mientras nos ocupamos de nuestros asuntos, tiene lugar una serie de extraordinarios diálogos entre almas. Si tuviera que encontrarme contigo en un taller, por ejemplo, mi arquetipo de Profesora entablaría una conversación con tu Narrador en el momento en que me contaras cómo actúan los arquetipos en tu vida. Aunque el Narrador no es uno de mis arquetipos íntimos, tu historia se incorporaría en mi vida como Profesora, porque podría ayudarte a descubrir en tus vivencias un significado más importante, cierta sabiduría o verdades espirituales. Algunas personas poseedoras de ambos arquetipos son Jesús, Buda, Homero y los numerosos sabios anónimos cuyas historias de sabiduría se reflejan en el Bhagavad Gita, las Upanishads y las parábolas sufíes, taoístas, hasídicas y africanas, entre otras.
Las relaciones también pueden entablarse en situaciones más mundanas. Hace algún tiempo, unos amigos me invitaron a una cena que celebraban en su casa para sus catorce personas «favoritas», aunque la mayoría de invitados sólo conocían a la pareja que daba la fiesta. Mientras socializaba con el resto de asistentes, un hombre llamado Bruce se presentó de una forma repelente y escandalosa, haciendo todo lo posible por llamar la atención. No pude librarme de él, porque me perseguía con insistencia para intentar que su sentido del humor me pareciera divertido. De repente, se tranquilizó. «¿Sabes? —dijo—,me gusta tontear cuando estoy con esta gente. Empecé a hacer el payaso hace años, y ahora es como si esperasen que yo siempre fuera la alegría de la fiesta.»
En cuanto Bruce se identificó con el Payaso, sentí el deseo de conocer al hombre que se ocultaba tras aquel maquillaje. Hablamos sobre las asociaciones más comunes que suelen hacerse con el arquetipo del Payaso, y luego le pregunté si se identificaba con la típica idea de que muchos Payasos ocultan la sensación de soledad bajo su máscara o tienen la necesidad de disfrazarse para comunicar los sentimientos que, de no ser por ese parapeto, no expresarían. Mientras me contaba una serie de anécdotas personales, creó un ambiente de diversión en la sala que hizo que el resto de invitados se sintiera más cómodo. En cierto sentido, estaba entablando una relación cómica con cada uno de los presentes.
—¿Alguna vez te has sentido molesto con los demás por el hecho de que esperasen que fueras el payaso de la fiesta? —le pregunté a Bruce.
—Claro que me he sentido molesto con los demás, incluso conmigo mismo, porque tenía la sensación de que lo único que esperaban de mí era que hiciera el loco —afirmó Bruce—, pero en realidad soy una persona bastante equilibrada. El Payaso es la parte de mí que me permite hacer amigos. Si sólo hiciera el tonto, nadie me tomaría en serio. Creo en el poder de ser optimista, y cuando estoy en un ambiente incómodo, no hay nada que funcione mejor que el sentido del humor. Soy la misma persona cuando estoy a solas que cuando estoy con gente, y eso es bueno porque sé lo tentador que es mostrar sólo la parte más favorecedora de tu personalidad.
Además de ser una agradable compañía para la cena, Bruce me hizo analizar toda una serie de suposiciones que habían condicionado mi percepción de determinados modelos arquetípicos.Y ocurrió por un motivo concreto: me di cuenta cié que en la escuela nunca me gustaron los «payasos de la clase». Su forma de comportarse me ponía muy nerviosa, y cuando estaba en cuarto curso, decidí que hacer el payaso era un método que la gente utilizaba para ocultar sus errores. Bruce me hizo recordar todos esos pensamientos, y gracias a él limpié un cajón de mi psique, porque descubrí y mejoré, o eso espero, una actitud que había tenido hasta ese momento. El Payaso de Bruce transmitió la energía de Libra, o sensación de equilibrio, a mi arquetipo de Profesora.
Invertimos grandes cantidades de energía en disfrutar de una relación, mantenerla o superarla, y en ese proceso aprendemos más sobre nuestras motivaciones. Uno de los regalos más saludables que podemos hacernos es el análisis constante de las razones que nos llevan a ser críticos y dominantes. El desafio consiste en permitir que los demás sean ellos mismos sin importar lo inseguros o temerosos que eso nos haga sentir. No pierdas el contacto con la esencia de tu ser y vive teniendo en cuenta la verdad de que el mejor regalo que puedes hacer a otra persona eres tú.
Octava casa: recursos de otras personas (Segundo y sexto chakras,)
Esta casa se corresponde con Escorpio, el segundo signo de agua, y el agua, como ya hemos dicho, es el elemento más próximo a tu naturaleza emocional. Además, Escorpio controla los secretos y las actividades secretas, así como las energías pasionales relacionadas con el sexo erótico. (Los secretos mejor guardados se refieren a menudo a temas económicos o sexuales, cuando no a ambos.) A diferencia de la segunda casa, que se asocia con la propiedad privada, la octava casa regula la forma en que utilizas el dinero en el ámbito de lo público. El tema de la herencia que reside en esta casa está relacionado con los asuntos legales y económicos, con tu ADN y tu memoria biológica ancestral. Las cuestiones de índole legal y financiera implican la participación tanto del intelecto como de la escala de valores y, por eso, esta casa recibe la influencia de las energías del segundo y el sexto chakras.
Las cuestiones relacionadas con la octava casa sacan nuestro lado más oscuro porque, como comentó en una ocasión Benjamín Franklin, la verdadera manifestación del carácter de una persona sale a la luz cuando se tratan asuntos de herencia familiar. Esta casa hace que la forma en que nos relacionamos con el poder trascienda el terreno de la vida personal, lo cual nos abre la puerta a un plano más público de poder externo.
Tu objetivo es entender la naturaleza emocional de esta casa, porque el dinero, la sexualidad y los secretos son elementos seductores que pueden obstaculizar tu búsqueda del potencial divino. La relación con estas energías puede convertirse en un gran desafío. Es difícil sentirse emocionalmente centrado y fuerte en las cuestiones económicas y sexuales. El dinero, el sexo y el poder confieren autoridad y seguridad,por ello, cuando estos aspectos de la vida se ven amenazados —o creemos que así es—.sentimos mucho miedo y podemos llegar a actuar de forma irracional. El lado oscuro de esta casa se pone de manifiesto en la mala conducta legal y económica, incluidos, entre otras faltas, los delitos de apropiación indebida de capital financiero y los conflictos familiares por cuestiones hereditarias. En esta casa, también podemos descubrir la gran intensidad de la fuerza y el valor demostrados en los momentos en que nos hemos sentido más vulnerables.
Muchos de los contratos que tienes con otras personas se ponen de manifiesto a causa del dinero, el sexo y el poder, y en esta casa reside el potencial para la traición y los malentendidos. Con todo, los lazos de lealtad y amor son cualidades hereditarias, y esta casa y su arquetipo puede ser una gran fuente de fuerza para ti. El ejemplo de relación entre dos personas que presento a continuación es la situación que yo describo como un clásico contrato de la octava casa.
Alfred tenía una naturaleza en extremo maligna. Era celoso, codicioso y manipulador; para mí, era la personificación del arquetipo del Hechicero. De hecho, admitía ser adicto al dinero, al sexo y al poder porque creía estar recuperándose. Pese a ser consciente de su lado oscuro, resultaba evidente que éste controlaba su mente y su espíritu. Alfred usaba su proceso de recuperación para mostrarse ante los demás como alguien que no pretendía utilizar a nadie, sino que no podía controlar su poder. No cabía duda de que manipulaba a los demás para sentirse superior a ellos.
Dos días después de conocer a Alfred, conocí a Susan, que había mantenido una relación con él y me confirmó que era un maestro de la manipulación que fue minando poco a poco la autoestima de su novia, lo cual es una forma sutil de hechizar a alguien. Haciéndola sentirse incómoda y corrigiéndola continuamente en privado y en público, Alfred consiguió que Susan perdiera de forma gradual su autoestima, hasta que ella llegó a creer que era tan débil como él decía. Sin embargo, un día, Susan tuvo una revelación y se libró de las garras de Alfred. En ese breve instante, Susan se dio cuenta de que se había convertido en la Esclava de un Hechicero malvado y que no era como él afirmaba. Rompió el hechizo con que la habían maldecido y descubrió que ya nada la ataba a él. Susan se liberó física y emo-cionalmente, e incluso se sintió agradecida por el hecho de haberse visto obligada a liberarse.
En el caso de Susan, tenía un contrato con Alfred que la ayudaría a descubrir su fuerza personal. Ambos se habían beneficiado de aquella relación disfuncional, algo que no es muy común, por otra parte. Susan tuvo relaciones más saludables, que es lo que nos espera a todos en un futuro si hemos mantenido una relación perjudicial. Y Alfred se esforzó más por controlar sus adicciones y su deseo de manipular a los demás, aunque admitía que no deseaba cambiar porque sus adicciones le beneficiaban muchísimo. El verdadero problema de Alfred era que le gustaba su lado oscuro. Desde el punto de vista intelectual era capaz de reconocer que ese aspecto de su personalidad tenía consecuencias negativas, pero, por otra parte, estaba convencido (es decir, se había hechizado) de que lo hacía inmune al daño que provocaba a los demás.
El arquetipo residente en la octava casa es el guía que te ayudará a enfrentarte a los miedos, desafíos y aplicar tus cualidades en los asuntos relacionados con el dinero, la herencia y la sexualidad. Ten en cuenta que la causa de tus miedos no puede entenderse en el contexto de una sola casa. Los arquetipos y las casas en las que residen son vías de acceso a tu carta. Cada vía de acceso te aporta una perspectiva diferente y específica, pero, en última instancia, necesitarás analizar la carta en conjunto para entender la totalidad de tu contrato. Si experimentas un momento de crisis porque no sabes cuánta importancia tiene el dinero para ti o porque te resistes a vivir una vida realizada, acudirás a la segunda casa porque con ella se asocian las cuestiones relativas a los valores personales. (También tendrías que localizar la situación del Saboteador en la rueda para averiguar si existe una conexión temática.) Sin embargo, si analizas una negociación o una relación comercial, iniciarás el proceso de interpretación con el arquetipo de la octava casa. A continuación, tendrás que evaluar la misma relación a través de otro arquetipo y de otra casa, y recorrer de casa en casa toda la rueda. Es algo parecido a poner un gran angular en el objetivo de la psique y del alma.
Novena casa: espiritualidad (Séptimo chakra)
La novena casa, que se corresponde con Sagitario, el tercer signo de fuego, regula la espiritualidad, la religión, los viajes y la sabiduría. La energía de Sagitario se asocia con la audacia y la independencia, cualidades que favorecen la búsqueda que vas a emprender. El elemento fuego de Sagitario activa la inspiración, la devoción y la pasión necesarias para tener conciencia de la relación íntima con lo Divino. Mientras el signo de fuego de Leo que gobierna la quinta casa está relacionado con las características teatrales de una personalidad dramática, el fuego de Sagitario eleva el espíritu del individuo hasta alcanzar las sendas de la trascendencia, que se refleja en el simbolismo del Centauro lanzando su flecha en dirección al cosmos. Los aspectos negativos inherentes a esta casa tienen relación con la complejidad de dominar el ego, caracterizado a menudo por un arquetipo conocido como «complejo mesiánico».
Las casas novena y décima son las más elevadas de la carta y son las fuerzas que nos ayudan a recordar, aunque sea de forma inconsciente, que la vida es un periplo espiritual y que nuestro papel en ella consiste en actuar siempre a través del máximo potencial. Por esta razón, ambas casas reciben la intensa influencia del séptimo chakra, que regula las relaciones con lo Divino.El despertar espiritual conocido como «la noche oscura del alma» refleja con toda claridad el perfil energético de la novena casa. La cultura contemporánea ha favorecido el paso de la práctica religiosa en grupo a la profunda e íntima búsqueda de una senda espiritual individual. Éste es un paso positivo para nuestra evolución. En la actualidad, hay muchas personas que pretenden vivir según los principios más exigentes de la vida monástica, si bien no cuentan con el entorno privilegiado que permitía a los religiosos de antaño centrarse de forma exclusiva en las prácticas espirituales.
El aspecto negativo de esta transición que sustituye las antiguas prácticas espirituales enclaustradas por la espiritualidad en un ámbito más convencional es la posibilidad de una crisis espiritual o incluso de la locura. La profundización en el yo para entrar en contacto con lo Divino requiere la orientación de un profesional de la espiritualidad que pueda guiarte en los momentos de conexión con el alma; es decir, un director espiritual, un gurú, un abad o una madre superiora. A lo largo del proceso de introspección espiritual, puedes sumergirte en estadios profundos de soledad y vacío, de desprendimiento de los sentimientos y las sensaciones cotidianas, e incluso, y por irónico que pueda parecer, tener la sensación de vivir un sin-sentido.
Es más, en la actualidad, muchas personas se sienten vacías aunque luchan por seguir viviendo de puertas para fuera; van a trabajar y pagan la hipoteca. Por lo general, el esfuerzo de vivir en dos dimensiones tan opuestas deriva en depresión. Pero ¿cómo saber si se trata de una depresión psicológica, o clínica, convencional o de una crisis espiritual, que pueden presentar síntomas similares?
En primer lugar, debemos tener en cuenta que cualquier depresión es fruto de la sensación de debilidad. Se produce un cambio en el equilibrio del poder en tu vida, y tienes la sensación de que has dejado de atraer las oportunidades. Sin embargó, la depresión clínica suele tener causas externas o físicas. Puede originarse por desequilibrios químicos o cambios vitales traumáticos; por cualquier acontecimiento' doloroso, desde un divorcio o la pérdida de un ser querido, hasta el diagnóstico de una enfermedad grave. Esta clase de depresión incapacita al enfermo para actuar con normalidad y debe ser tratada por un profesional de la salud mental.
Por el contrario, la depresión espiritual suele iniciarse por la inquietud.
sobre cuestiones metafísicas y no por preocupaciones materiales. Tal vez creas que has llegado a un callejón sin salida, que Dios te ha abandonado o has perdido toda esperanza de experimentar la unión con lo Divino. Las crisis de fe pueden ser fruto de cambios traumáticos como una enfermedad grave o un divorcio, siempre y cuando estas situaciones te hagan cuestionarte el sentido y el valor de la vida más que inquietarte por tu desgraciada situación material.
Sin duda, ésa es una buena forma de distinguir entre ambos tipos de depresión. Otra forma de diferenciar una depresión clínica de una crisis de fe es observar tus reacciones. Si te preguntas cómo vas a ser capaz de encontrar a alguien que pueda sustituir a tu ex pareja o ser querido difunto, cómo vas a dejar un trabajo que te está matando o conseguir el dinero suficiente para vivir, tu depresión es básicamente psicológica. Sin embargo, si te cuestionas el sentido de la vida o la razón por la cual Dios parece haberse alejado de ti, entonces sufres una crisis de fe y tal vez necesites la ayuda de un director espiritual más que la de un psicólogo. Otro método para averiguar la naturaleza de tu depresión es el tipo de reacción que tienes ante el hecho de sentirte debilitado. Si te consume la rabia, el resentimiento o culpas a los demás de tu pena, tu depresión no es espiritual. (Si tienes alguna duda, debes planteársela a tu psicoterapeuta.)
Si llegas a la conclusión de que tu depresión es ante todo espiritual, una posible solución es poner todas tus preocupaciones y miedos mundanos en manos de lo Divino, es decir, pensar «Dios dirá», como suele decirse. Puedes comunicarle a lo Divino que has fracasado en el intento de dirigir tu vida espiritual y que necesitas colaboración divina. Ponerse en manos de la orientación divina no es lo mismo que renunciar a todas tus pertenencias materiales como se exige a la persona que hace voto de pobreza. Es más, el hecho de ser consciente de que vives contando con la protección del Contrato Sagrado, que te aporta todo lo necesario para tu evolución espiritual, puede ayudarte a poner punto y final a la lucha entre tu voluntad personal y la divina. El acto de entrega se resume en la siguiente afirmación: «Permito a lo Divino que guíe mis decisiones según una sabiduría muy superior a mí.»
La vida de Marissa es un claro ejemplo de esta clase de experiencia. Como intelectual profesional con el arquetipo del Erudito en la novena casa, Marissa tenía la capacidad de analizar cualquier idea con el detalle con que se observa un microbio a través de un microscopio. Cultivaba el estudio de casi todos los campos del saber académico, desde la historia hasta la botánica, y poseía una memoria prodigiosa. Marissa estudiaba a Dios con el mismo objetivo con que realizaba el resto de sus estudios: para conquistarlo. Estudiara misticismo o historia, su verdadera intención era encontrar una senda por la que Dios se le revelara como recompensa por su escrupulosa atención y dedicación. Para satisfacer su Contrato Sagrado y realizar su potencial divino, el arquetipo del Erudito tuvo que tomar las riendas de su vida. Si, por ejemplo, Marissa hubiera tenido el arquetipo de la Víctima en la novena casa, el viaje hacia la conexión con lo Divino se hubiera iniciado con experiencias que la habrían hecho sentir vulnerable y necesitada de fuerza espiritual. Si el Niño hubiera sido el ocupante de la novena casa, Marissa se habría relacionado con Dios como si se tratara de una figura protectora, paternal, que, en algunos casos, es una forma útil de entender lo Divino.
En última instancia, Marissa se dio de bruces contra el muro que el intelecto no puede atravesar. La mente no puede definir el poder del espíritu, que actúa según leyes divinas y no lógicas. Cuando le pedía a Marissa que me hablara de Dios desde una perspectiva histórica, lo hacía con gran fluidez, sin embargo, cuando se trataba de hablar de su experiencia con lo Divino, se sentía desconcertada. Con el tiempo, ese desconcierto se transformó en frustración y más tarde en depresión en el momento en que comprendió que el poder del intelecto por sí solo no era suficiente para alcanzar los estados de éxtasis sobre los que tanto había leído.
Marissa decidió hacer un retiro espiritual; en otras palabras, decidió «acogerse a lo sagrado». De hecho, la admitieron en un convento, pero allí no encontró a Dios como esperaba.
Cuando conocí a Marissa en un taller se sentía confundida, cansada, al borde de la desesperación. Al elaborar su carta astral, la primera casa en la que busqué la puerta de entrada a su espíritu fue la novena. «Está claro que tu espíritu está a punto de volverse loco —dije—. Está muerto de hambre por la dieta mental a la que lo has sometido.» Hablamos sobre la importancia espiritual del Erudito y su función, consistente en hacerla profundizar cada vez más en el alma y no en la mente racional. El campo de estudio espiritual es la naturaleza de Dios, que admite el análisis lógico. Marissa había llegado a un «momento decisivo».Tenía que darle una lección de humildad a su Erudito y dejar ipso facto las lecturas místicas. Esos libros no le darían las respuestas que estaba buscando.
Sin embargo, Marissa no entendió lo que le dije, que fue otra buena señal; su mente ya se estaba bloqueando.
En estos meses he aprendido que no soy tan disciplinada como creía —escribió—. Soy controladora y me aterra que me controlen los demás. Quería que mis experiencias se ajustaran a mis normas.
Cuando conocía a alguien, hacía gala de mis conocimientos para deslumhrar a la gente con mi inteligencia, para ser el centro en todos los grupos. He decidido no volver a hacerlo jamás. Ahora, cuando estoy en compañía de alguien, escucho en lugar de hablar. Siento verdaderos deseos de conocer a los demás y de compartir con ellos mis sentimientos y pensamientos. Soy más amable, y gracias a esa amabilidad, tengo un lugar para albergar a Dios. Me siento más satisfecha. Llevo un diario donde anoto todas las conversaciones que tengo, y mi Erudito está aprendiendo las diversas formas de valorar el hecho de estar vivo. En resumen, me va bastante bien.
Me encanta la historia de Marissa porque luchó con todo el poder que tenía, perdió, y más adelante ganó. No tuvo que renunciar a su trabajo, ni mudarse, ni hacer voto de pobreza ni de castidad. Se limitó a analizar el poder que ejercía el Erudito en su forma de relacionarse con la vida y con Dios.
Décima casa: máximo potencial (Quinto y séptimo chakrasj
La décima casa está gobernada por Capricornio, el tercer signo de tierra. La energía de esta casa actúa en tu máximo potencial.Te da fuerzas para hacer todo lo que puedas en el mundo físico y en tu vida espiritual. ¿Cuál es el máximo potencial de tu yo compasivo, o de tu generosidad? ¿Cuál es tu máximo potencial cuando se trata de ayudar a alguien? ¿Y tu máximo potencial creativo? Tu máximo potencial es aquello que el Contrato Sagrado te anima a identificar y realizar.Ya que para ello es necesario que tomes decisiones relativas a tu destino espiritual, esta casa se corresponde con las energías del quinto y el séptimo chakras.
El arquetipo que reside en esta casa es la puerta de acceso al desciframiento de las oportunidades que se te presentan y la calidad de tu motivación. El lado oscuro de tu máximo potencial es el autosabotaje,la duda o la falta de fe. El miedo al fracaso, así como el miedo al éxito o a la responsabilidad, caracteriza los retos inherentes a esta casa. Estos desafíos los plantea, ante todo, tu miedo al poder personal y al fortalecimiento, así como a los cambios vitales que conllevan.Tendrás que averiguar si alguna vez has impedido de forma deliberada que tu máximo potencial se manifieste y, de ser así, averiguar el porqué.[También tendrás que enfrentarte al reto de seguir siendo humilde a medida que aumenta tu poder.
Alcanzar el máximo potencial es una búsqueda complejísima. Cuando asciendas de categoría, ya sea en el terreno profesional o en lo personal, , algo o alguien se cruzará en tu camino para poner a prueba la profundidad y solidez de tu crecimiento interior. En el contexto físico, este encuentro puede expresarse en forma de confrontación contigo mismo o con alguien que no quiere que cambies. O, tal vez, mantengas una relación con alguien de quien estás celoso. Esta situación pondrá a prueba tu capacidad potencial para tolerar el talento y las habilidades de otra persona. Quizá se te presen-te una oportunidad de transformación interior y, gracias a ella, descubras que las oportunidades de ese tipo siempre requieren que olvides una parte de tu vida, que hagas un sacrificio necesario. Algunas personas creen que el sacrificio y el cambio son un precio demasiado elevado, y no llegan a realizar su potencial.
El arquetipo de la décima casa es el indicador de la forma en que tu inconsciente organiza los pensamientos cuando se te presentan oportunidades ^^ que favorecerán la realización de tu potencial. Recuerda que aunque todos tus compañeros arquetípicos influyen en cualquier aspecto de la vida, el arquetipo que reside en esta casa representa el lenguaje simbólico que quieres utilizar para empezar a descifrar el contenido de tu máximo potencial.
La vida de Foley encierra un maravilloso contrato. Foley tenía un hermano gemelo llamado Dennis y, como muchos gemelos, fueron inseparables hasta sus años de universidad. Dennis supuso que estudiarían lo mismo: gestión empresarial. Sin embargo, Foley, por miedo a la oposición de su hermano, ocultó a Dennis su deseo de estudiar botánica y vivir en Costa Rica durante un par de años. Poco después de entrar en la universidad, Dennis se dio cuenta de que Foley tenía otros planes de futuro y se encerró en sí mismo. Se sintió completamente traicionado y dijo que Foley tendría que haberle hecho partícipe de sus intereses personales. Dennis veía la decisión de Foley de trasladarse a Centroamérica como un abandono.
Aunque Foley previo que Dennis se disgustaría, le sorprendió la severidad de su reacción. Dennis se cambió de facultad en el segundo curso. Después de un tiempo, Foley se sintió obligado a renunciar a su sueño por la preión de sus padres y la ruptura de la relación con su hermano.
Conocí a Foley tres años después de que hubiera sacrificado sus planes de futuro. Por aquel entonces se había titulado en contabilidad. Estaba trabajando de camarero y esperaba retomar sus estudios de informática, pero vivía con desgana. Hasta que Foley no reconociera que había comprometido sus sueños, no conseguiría sentirse realizado.
A primera vista, puede parecer que el problema de Foley está relacionado con la fraternidad y la comunicación de la tercera casa, pero su dificultad principal era que había renunciado a su destino en la vida, que es un asunto relacionado con la décima casa: no escuchó la voz interior que lo animaba a realizar su máximo potencial. Son muchas las situaciones, como en el caso de Foley, en que pueden solaparse diversas cuestiones. Tal vez necesites pasar por diferentes preocupaciones y varias casas antes de dar con el verdadero problema.
Foley tenía el arquetipo del Héroe en la décima casa. Cuando le pregunté por qué había escogido el Héroe como uno de sus doce arquetipos, me respondió que lo relacionaba con la fortaleza, la dedicación y la lealtad. A lo largo de su vida había luchado por desarrolla? esas cualidades, sobre todo para ayudar a su hermano gemelo y cuidar de él. Sin embargo, añadió que siempre había sentido que estaba destinado a cumplir una misión y que, para ello, debía separarse de su hermano.
Lo sé desde niño —me confesó—, porque hace tiempo que me di cuenta de que yo cargo con la psique de mi hermano. Siempre he procurado que se sienta feliz y seguro. Yo era el que solucionaba sus problemas y lo ayudaba a lograr lo que se proponía. Y sabía que debíamos separarnos para cuidar de mí como lo había hecho con él. Quería saber qué se sentía siendo el más importante y cómo me sentiría al poder tomar una decisión sin consultarla antes con mi otra mitad.
Le pedí a Foley que me describiera qué diferencias apreciaba entre su Héroe en el terreno de la gestión empresarial y el Héroe como botánico que luchaba por preservar el bienestar de la vida natural en peligro. El simple hecho de escuchar la pregunta le sobresaltó: «No hay ni punto de comparación —dijo—. Haciendo números jamás aportaré al mundo todo lo que daría como botánico.» Hablamos de qué le impedía retomar su plan inicial. En ese momento, Dennis estaba capacitado para cuidar de sí mismo, y le pedí a Foley que nombrara tres sacrificios que hubiera hecho su hermano para hacerle más feliz. No pudo mencionar ni uno solo.
Cuando le pedí que describiera la salud de su arquetipo del Héroe, Foley dijo que sentía que se había convertido en una fuerza débil y derrotada de su espíritu y que le avergonzaba el recuerdo de haber desoído la voz interior que le guiaba. «No puedo creer que no me quede valor y que, tal vez, no lo haya tenido nunca. De haberlo tenido, habría seguido adelante y me habría ido a Centroamérica.»
Foley vivía en el lado oscuro del Héroe, y la solución era hacerle olvidar su tristeza, consiguiendo que entendiera que su vida era lo bastante importante como para vivirla. La modificación de su existencia física para cumplir los requisitos de ese compromiso sería el comienzo de su peri-plo heroico, y le daría ejemplo de su máximo potencial. La prueba siguiente —la decisión de romper con su tribu y salir en pos de una de sus metas espirituales— sería la segunda etapa de su viaje heroico.
Tras visualizar su liberación, Foley se sintió como nuevo. Cambió su forma de respirar y su energía se liberó temporalmente de la depresión. Empezó a comprender que su hermano y sus padres no eran la verdadera razón de que no hubiera realizado su máximo potencial. Foley tenía el arquetipo del Ermitaño en la tercera casa —fraternidad y comunicación— que expresaba la necesidad de separarse de una psique familiar que le influía demasiado. A diferencia de su hermano o el resto de miembros de su familia, Foley necesitaba un espacio propio para expresarse, y la expresión es una característica de la tercera casa. Aunque su hermano no se hubiera pegado a sus faldas, Foley habría tenido que buscar una senda hacia la independencia. Como en todos los contratos, su familia fue un verdadero regalo para él. Muchas familias actúan como obstáculo y después se convierten en una gran fuente de apoyo. La familia de Foley era la personificación de un desafío colectivo que perfeccionaría su Héroe interior, obligándolo a ser decidido e independiente.
Una de las manifestaciones del lado oscuro de la tercera casa es la forma en que nos comunicamos, no sólo con los demás, sino con nosotros mismos, con la psique, el espíritu y Ja intuición, y con la esencia de la vida. Cuando Foley desoyó su voz interior y el deseo de su espíritu, y no comunicó lo que quería ni a su hermano ni a su familia, traicionó a su voz interior y aisló a su espíritu. En ese momento, tuvo que recurrir al Héroe para recuperar su alma.
Undécima casa: relación con el mundo (cuarto y sexto chakrasj
La undécima casa se corresponde con Acuario, el tercer signo de aire, y rige tu relación con el mundo exterior, o la forma en que tus ideas se relacionan con el entorno. Tu punto de vista sobre la vida en términos generales está relacionado con la energía de esta casa. Esos sentimientos reflejan la forma en que crees que tu poder actúa en el entorno social o global. Las personas dedicadas al servicio de los demás cuyas acciones tienen repercusión mundial, como los activistas medioambientales o los profesionales de la pacificación internacional, poseen un fuerte vínculo con la energía de esta casa. La undécima casa regula la torma en que relacionas tu creatividad con la humanidad, y se alimenta de las energías de los chakras sexto y cuarto, que controlan el corazón y la mente.
La contienda por la presidencia entre GeorgeW. Bush y Al Gore fue un tira y afloja típico de la undécima casa. La problemática decisión de quién había ganado las elecciones hizo que la atención nacional se centrara en el poder de los individuos para cambiar el futuro de la humanidad. A raíz de lo sucedido, los norteamericanos se plantearon la importancia del voto individual como nunca lo habían hecho.
Las personas que mantienen la actitud de pensar que todo es posible viven en un campo energético de puro potencial de la undécima casa. La vida de estas personas supera lo imaginable, porque piensan en términos globales. Para ellas, las percepciones de la undécima casa son lo primero que piensan al despertarse y lo último que tienen en mente al finalizar la jornada. Las personas como Martin Luther King, hijo, y Mahatma Gandhi, que despertaron nuevas ideas en la conciencia mundial, son la personificación de la influencia de la undécima casa. Creyeron en los cambios positivos imposibles al contemplar la aldea global a través de la lente de su undécima casa.
No todo el mundo necesita ser el artífice o partícipe de una causa para transmitir energía positiva al planeta. He conocido a un sinfín de personas que mantienen actitudes positivas en la vida como «Todo el mundo es bueno», y que ayudan a quien lo necesita. Estas personas enriquecen el alma de la humanidad. Como dijo Jesús: «Todo lo que hicisteis por mis más pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis» (Mateo 25, 40). Desarrollar la capacidad de creer que la vida es bella y considerar a los demás seres esencialmente bondadosos es lo mismo que pertenecer a un movimiento medioambiental y espiritual. No tenemos la capacidad de medir el poder de un solo pensamiento, pero sabemos que las diversas actitudes y creencias tienen consecuencias de repercusión universal.
Los maestros espirituales, los gobernantes populares, los genios científicos y los grandes artistas que se ponen al servicio de la humanidad son el ejemplo del buen resultado que tiene la dedicación en cuerpo y alma a la realización de una idea en particular. Por ejemplo, Copérnico reestructuró la concepción mundial de los movimientos planetarios al cuestionar la creencia de que la Tierra era el centro del sistema solar. Ese único pensamiento desarmó el paradigma científico de la época: un día la Tierra era plana y, al día siguiente, era redonda. Una sola idea cambió la visión global del planeta.
También tú puedes ser el canalizador de una nueva comprensión de la realidad. Haz un repaso de tu vida y tus relaciones. Intenta pensar en los cambios que has inspirado en otras personas, que, más tarde, fueron capaces de mover montañas. La mayoría de las «montañas» a las que nos enfrentamos no tienen por qué ser movimientos globales de gran magnitud, sino retos cotidianos o fuerzas invisibles, como las actitudes. Que un padre tome la decisión de ejercer una paternidad más activa o dejar de odiar a las personas distintas a él, son actitudes cuyas consecuencias serán palpables durante generaciones. Por ejemplo, cuando John Lennon se retiró de la vida pública para cuidar de su hijo Sean, el concepto de «amo de casa» no tenía precedentes. Lennon tuvo que soportar muchas críticas por haber cambiado, supuestamente, la guitarra por el delantal y, aun así, su decisión fue el modelo para millones de hombres que siguieron su ejemplo para gran alegría de sus esposas o compañeras, y para sus hijos. El hecho de mantener esa forma de pensar, alimentando la idea con cariño y estima por sus implicaciones para la vida en un universo interconectado, transmite electricidad espiritual al sistema colectivo.
Los grandes maestros espirituales animan a sus alumnos a tomar conciencia del poder de su espíritu. En su intento de comunicar a sus discípulos la existencia de su potencial interior, estos líderes se hacen eco de las palabras del patriarca budista Bodhidharma: «No soy más que un dedo que señala la Luna. No me miréis a mí; mirad la Luna.» Cuando Jesús dijo acerca de sus milagrosas curaciones: «Todo esto y más podréis hacer si tenéis fe», el mensaje estaba claro: cualquiera puede convertirse en una fuerza transformadora de la humanidad si reconoce y vive según la verdadera naturaleza de su divinidad interior. El mundo exterior no es más que una manifestación de la autoridad de nuestra vida interior.
En las afueras de Chicago se encuentra el convento carmelita de Des Plaines. Hace muchos años, y sólo por una tarde, las monjas carmelitas autorizaron la visita de un grupo de personas a una zona muy restringida del claustro.Yo formaba parte de ese grupo y recuerdo a la perfección el inhóspito comedor, las celdas individuales de paredes desnudas y el largo pasillo que conducía a las habitaciones que jamás visitaríamos. En cuanto estuvimos sentados en la zona de recepción, la madre abadesa nos habló sobre la importancia espiritual del compromiso adquirido por las monjas. Esas mujeres llevaban una vida marcada por el voto de silencio y dedicada a rezar por el resto de la humanidad. Las religiosas creían que cada una de sus oraciones vertía gracia divina sobre una humanidad que apenas veían. Algunas monjas tenían permiso para hablar con los visitantes de aquella tarde, y yo le pregunté a una de ellas por qué creía que las oraciones de diecisiete mujeres iban a afectar a la comunidad mundial. «Su pregunta me indica —dijo— que usted aún necesita la fuerza de una sola oración.»
Años más tarde, en París, tuve la oportunidad de cenar con el maestro del budismo tibetano Sogyal Bdnpoche. Entre las numerosas historias que compartió conmigo se encontraba la anécdota de la muerte de su maestro. «Cuando a mi maestro le llegó la hora de morir, mandó llamar a sus más allegados discípulos y astrólogos —dijo Rinpoche—. Anunció que se estaba preparando para partir y pidió a los astrólogos que dibujaran una carta astral con objeto de fijar el momento perfecto para que su espíritu abandonase la Tierra. Quería irse con el máximo sigilo para no crear problemas.» Sogyal Rinpoche también me explicó que el poder de un espíritu iluminado es fundamental para mantener el equilibrio entre las energías vitales positivas y negativas.
El arquetipo que reside en la undécima casa simboliza tu forma de considerar el poder de tu espíritu en relación con la totalidad de la vida. Si en esta casa tienes el arquetipo de la Víctima, algo muy común según he apreciado, puede ser indicativo de que consideras el mundo un lugar inti-midatorio, donde cualquiera tiene más control de tu vida que tú. Por otra parte, también he visto la Víctima en esta casa en la carta de personas llenas de valor y optimismo. En esos casos, la Víctima es un símbolo de energía negativa a la que el individuo en cuestión se resiste, obligándose por todos los medios a no sentirse víctima de nadie y ayudando a los demás a hacer lo mismo.
Los arquetipos de la undécima casa nos incitan a analizar la forma en que reflexionamos sobre nuestra situación en el mundo y medimos nuestra sensación de poder. La profesora de cristología de la universidad me contó que cuanto más consciente es una persona de su poder espiritual, menos necesidad tiene de moverse físicamente para prestar ayuda, porque puede «enviar» sus pensamientos y oraciones para que actúen en su nombre. Tal vez te sea difícil asimilar que, incluso mientras estás en casa, tus pensamientos influyen en la totalidad de la vida, aunque se trata de una verdad que todos debemos aprender por contrato.
El lado oscuro del poder de la mente de una sola persona puede contemplarse en personas como Adolph Hitler,Josif Stalin, Charles Manson y Jim Jones. Las características del lado oscuro de la undécima casa se alimentan de un ego que induce a creer que el mundo entero puede cambiar a nuestro antojo. La psique de las personas en las que se manifiesta este lado oscuro es como una tela de araña. Atrae y atrapa a las multitudes que anhelan el advenimiento de alguien que les haga creer que la vida podría ser como desean si ellos, los débiles, controlaran a los demás.Tal como nos ha enseñado la historia, esas percepciones negativas de la undécima casa se vuelven contra sus creadores y sus adeptos.
Duodécima casa: el inconsciente (sexto y séptimo chakras)
La duodécima casa se corresponde con el tercer signo de agua, Piscis, que es el signo de la intuición, de las corazonadas. Ésta es la casa de Perséfo-ne, el inframundo gobernado por Plutón, o lo que yo llamo «canal principal hacia la orientación más profunda». La duodécima casa controla la mente inconsciente y los temores más íntimos. La naturaleza energética de esta casa impulsa la aparición de las imágenes más recónditas, sirviéndose de todas las vías de acceso disponibles: los sueños, las conversaciones, los encuentros sincronizados y cualquier medio que nos dé la oportunidad de contemplar una parte de nuestro contrato en acción. El proceso de sacar a la luz el inconsciente requiere intelecto, intuición y tener aspiraciones espirituales. Por ello, esta casa se alimenta de las energías de los chakras sexto y séptimo.
Tus habilidades intuitivas forman parte de la energía de esta casa.Vuel-ve a leer el apartado sobre el significado de la primera casa y repasa el recorrido circular de la rueda arquetípica; observa que el resto de casas están relacionadas con aspectos racionales y emocionales de tu naturaleza. La creación de la propia identidad y la elección de un sistema de valores son fruto del mundo físico. Crear un vínculo de unión con otra persona y decidir si quieres que el ADN simbólico heredado de tu tribu siga estando presente en tu sistema de valores es más bien una cuestión emocional y psicológica. No obstante, si logras completar este círculo, conseguirás escuchar la voz de tu intuición.
La intuición es el sentido primario. Mucho antes de adquirir el pensamiento racional, somos capaces de sentir la vida. Cuando somos bebés, asimilamos el clima energético del mundo en que vivimos, incluidas las emociones de nuestros padres y la atmósfera de nuestro hogar. A medida que crecemos, se desarrolla la capacidad racional de la mente, y las experiencias intuitivas descritas por muchos niños, como la visión de ángeles, se atribuyen a la imaginación. Estas fuerzas psíquicas pasan a un segundo plano, aunque no suelen caer en el olvido. Estoy convencida de que la polaridad entre el yo racional y el intuitivo genera una atmósfera interior que es el caldo de cultivo para la depresión y la angustia. Ser capaz de percibir información energética y reprimirla por falta de apoyo racional es tentar a la locura.
Aprender el lenguaje arquetípico y la visión simbólica favorece el despertar y la utilización de la intuición. El modelo arquetípico que reside en la duodécima casa es el que te guiará a las profundidades de tu ser. Aunque creas tener una gran cantidad de temores, cada uno de ellos no es más que una versión distinta del miedo al cambio, que es, sin duda, el obstáculo más poderoso para el supremo acto irracional de entrega espiritual. Las experiencias de la duodécima casa están relacionadas con la cuestión de la entrega, como en esa escena de Qué bello es vivir en la que George Bailey (interpretado por James Stewart) contempla la idea de suicidarse tirándose desde un puente a las heladas aguas de un río, pero llega un momento decisivo en el que acaba por clamar a Dios en busca de ayuda.
Hace un par de años conocí a una mujer llamada Chris que se encontraba en un momento decisivo. Habían detenido a su marido por extorsión, y las autoridades habían confiscado todos sus bienes para devolver el dinero robado. Su vida pasó de ser el cuento de hadas del matrimonio con hijos que habita un hogar encantador a convertirse en la pesadilla de la familia indigente que vive gracias a la caridad de sus familiares. Chris tenía la resistencia y la fuerza de un Soldado, el arquetipo de su duodécima casa. Había escogido el Soldado no sólo porque le ayudaba a enfrentarse a los problemas, sino porque siempre había sido el que libraba las batallas por la supervivencia emocional del grupo. Su padre era oficial del Ejército y estaba en contra de cualquier manifestación sentimental, y sus hermanos eran alcohólicos. Como su madre era incapaz de enfrentarse a una atmósfera tan perturbadora, Chris se convirtió en el catalizador de toda la tensión familiar. En un plano más mundano, Chris había escogido el Soldado porque representa fuerza, dedicación, lealtad y honor, cualidades que, para ella, eran lo máximo a lo que cualquiera puede aspirar.
Cuando conocí a Chris, se encontraba en una época de crisis. No era una persona autocompasiva, sin embargo, había llegado a un extremo en que se preguntaba por qué tenía que tener tanto aguante, mientras las personas de su entorno vivían de forma tan despreocupada. «Estaba al borde de un ataque de nervios —me confesó—. No tenía a nadie con quien hablar ni sabía adonde ir ni qué hacer. Mi vida había cambiado en una sola tarde.»
Con el fin de recopilar información simbólica que pudiera ayudar a Chris a decidir cómo actuar, le pedí que hablara usando el lenguaje del Soldado. «Siempre he imaginado mi infancia como un campamento militar», dijo en broma. A continuación, le pedí que hablara como si fuera un verdadero soldado sobre cualquier momento de su vida que relacionara con la crisis que sufría. Empezó diciendo lo siguiente:
Siempre estaba recibiendo órdenes de mi padre. Si quería hacer algo por mi cuenta, tenía que pasar a hurtadillas por la línea enemiga para salir sola. Cuando me casé, ocurrió lo mismo.Volvió a repetirse la historia familiar, aunque mi padre es un hombre honrado.
En cuanto mi marido empezó a infringir la ley, supe que algo iba mal. Cambiaba mucho de humor y era cada vez más retraído y misterioso, pero insistía en echarle la culpa al estrés laboral. No hice caso a mi instinto, que es la mejor arma del Soldado. Mientras él vivía en su mundo secreto, yo tenía la sensación de estar preparándome para la guerra, una batalla emocional e invisible que acabaría con nuestro matrimonio. Pero no encontraba al enemigo. Sabía que no me engañaba con otra, pero jamás imaginé que estuviera robando.
Al final, descubrieron al marido de Chris porque dejó en el despacho unos documentos sospechosos, y sus jefes le siguieron el rastro. Le pedí a Chris que se distanciara de su trauma y que pensara como un soldado al que acaban de preguntarle: «¿Cuáles son tus peores miedos?» Dijo que lo que más temía era perder el control de su vida.
Por eso me casé con alguien que creía capaz de mantener el orden en nuestras vidas. Al mismo tiempo, me molestaba estar rodeada de tanta autoridad masculina. También me molestaba el hecho de haber dejado que me dirigieran; era consciente de ello. Pero me gustaba sentirme protegida como en la época en que mi familia vivía en una base militar. Aunque ahora, todo ha cambiado, y mi vida se ha hecho añicos como si la hubieran bombardeado. Tengo que arreglármelas sola, porque necesito separarme y seguir adelante.
Las experiencias que concluyen con un momento decisivo son una característica típica de la duodécima casa, y el matrimonio de Chris es un claro ejemplo de este tipo de drama. Sin duda alguna, el contrato con su marido no incluía el que él se convirtiera en ladrón. Fue una decisión que su esposo debía tomar, aunque podría haber escogido la opción positiva.
«Si un soldado en esta situación te pidiera consejo —le pregunté a Chris— ¿qué le dirías?»
Contestó que le ordenaría trazar un mapa y marcar un destino, aunque no supiera nada acerca de ese lugar. Tenía que reunir el equipo necesario y preparase para un duro recorrido, aunque, en algunas ocasiones, estos caminos son menos tortuosos de lo esperado. Para Chris, las noches son largas, porque es el momento en que se siente más vulnerable. «Pero me aferró a la idea de que actúo "por contrato" en lugar de hacerlo para acatar órdenes; también pienso que el Ejército tiene la responsabilidad de proteger y abastecer a sus soldados. Sé que es así porque me eduqué en el mundo castrense y jamás vi que el Ejército dejara en la estacada a ningún militar. Estaré bien.»
Chris adquirió independencia al reconocer su necesidad de estar «a las órdenes» de otra persona. Logró vivir con normalidad, y cada vez que se sentía «perdida en la jungla», como ella decía, recurría a su arquetipo del Soldado y a toda la fuerza simbólica que contenía. Al sustituir la palabra «órdenes» por «contratos», quiso decir que su comandante en jefe era Dios.
El lado oscuro de la duodécima casa es bastante similar a una cámara de los horrores gótica por su estrecha relación con los numerosos fragmentos de la psique.
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